Lectores que lean ‘Lolita’ sin prejuicios

Le llegó el turno a Nabokov. En realidad, nunca dejaron de rondarle, nunca dejó de ser el autor de un libro peligroso que, en su época, se consideró pornográfico (y solo una editorial sicalíptica de París se atrevió a publicarlo) y, en la nuestra, sostén y apologista de la violencia patriarcal. Ambas acusaciones parecen fútiles, pero la primera se entiende en el contexto de una sociedad puritana que aún no había aprendido a hablar de sexo en público. La segunda, sostenida en España últimamente desde varias tribunas, es mucho más injusta e injustificable. De Nabokov no conocíamos más crimen que los que cometió con su cazamariposas, ni más vicios que la lepidopterología, la literatura y la vida tranquila con su mujer, Vera. Hace falta mucha imaginación para pintarlo como el patrón de los violadores de niñas.

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