De Podemos y jubilados

La reunión de la Permanente del Episcopado concluyó con una excelente rueda de prensa de su secretario general, Gil Tamayo. Con claridad expuso los distintos puntos que debatieron y acordaron los obispos que componen esa comisión. El primero que merece la pena destacar es la distancia -creo que es la primera vez que se hace tan abiertamente- que se marca con Podemos. Es a propósito del proyecto de Ley de protección del colectivo LGTBI. Aunque los obispos insisten en pedir la máxima solicitud para ese colectivo, dijeron claramente que lo que propone Podemos «no es el camino». Más allá de la cosa en sí, el posicionamiento de la Iglesia representa un distanciamiento con los radicales de izquierda que no había sido tan claro hasta ahora. Incluso circulaba una historia de ciencia ficción, según la cual desde Roma habrían dado la orden de apoyar a Podemos y la prueba sería algún nombramiento episcopal de alguien de su órbita. Pura fantasía. Ni hubo nombramiento ni hay apoyo a los comunistas, como esta declaración del Episcopado pone de manifiesto.

La otra cuestión es la de los pensionistas.

Apoyo total por parte de la Iglesia a los jubilados, lo cual está muy bien y es imprescindible. Lo que pasa es que las cuentas tienen que cuadrar y no puede ser que se gaste en determinadas cosas a costa de los ancianos. La corrupción y los derroches no deben pagarlos ellos.

Por otro lado, a la Iglesia le interesa mucho apoyar a los mayores, no sólo porque ahí está la mayoría de los católicos practicantes, sino porque también está la mayor parte del clero. El dato ofrecido por Gil Tamayo es estremecedor: la edad media de los sacerdotes es de 65 años y medio y hay diócesis donde es de 74 años. Castilla y León y Aragón parecen las dos regiones más castigadas, sobre todo en las zonas rurales, pero no son las únicas. La falta de niños y jóvenes es una de las causas de la escasez de vocaciones, pero sería un error pensar que es la única. No hay fórmulas mágicas para llenar los seminarios, pero el trabajo que hay que hacer pasa por una conversión del conjunto de la Iglesia a una mayor espiritualidad. O eso, o la nada.

Santiago Martín

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