Un brunch y un jet

Este domingo la Starlite marbellí vivía su resaca en un brunch organizado por su anfitrión Antonio Banderas en su mansión «La Gaviota» a pie de playa, con el que ha agasajado a más de un centenar de invitados ilustres que acudieron ayer a la IX edición de su gala solidaria y a los que ha querido agradecer su presencia y su apoyo un año más en favor de los más necesitados. Y es que Banderas se marchó volando de la gala.

En su rostro se vislumbraba el cansancio de un rodaje a las órdenes de Pedro Almodóvar. El director manchego quiere que su muso tenga aspecto desaliñado y depresivo por exigencias del guion de «Dolor y Gloria». El mismo que le obligaba a regresar a la capital este mismo domingo por la tarde. Pero no lo hizo en el AVE ni en un vuelo regular.

Las gemelas Kimpel, Antonio Banderas y María García

GTRES
Me pregunto si hemos visto alguna foto de Banderas los últimos años en un aeropuerto. Y la respuesta es no. Nuestro actor más internacional tiene jet privado, pero no de ahora, sino desde hace años. Primero tuvo un Leart Jet 60, un modelo de segunda mano que compró a la empresa Punto Roma y del que se deshizo hace un año cuando adquirió un Gulfstream G200, un modelo similar al de Cristiano Ronaldo.

Se lo compró a Telefónica por unos 4 millones y pico de euros. La aeronave tiene capacidad para ocho pasajeros y dos tripulantes y en su interior hay cocina, dos lavabos y algún lujo más. Tiene su base de operaciones en Londres, donde vive el actor. Pero este esta siendo un verano muy ajetreado para el malagueño, que va y viene de Marbella a la capital en menos de una hora. Ventajas de ser una estrella y tocar el cielo de verdad.

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