«¡Plaza Mayor no se toca!»

La nueva imagen que el Ayuntamiento de Madrid proyecta para la Plaza Mayor, con más de mil plantas y pequeños árboles en macetas para darle un aspecto ajardinado, está siendo muy criticada por expertos en la Edad Moderna, la época en que se construyó la plaza (1580-1619).

Una quincena de especialistas consultados por el blog Investigart abogan por que el corazón del Madrid de los Austrias siga siendo un espacio abierto y sin obstáculos, tal como se concibió para albergar todo tipo de actividades hace 400 años. Los historiadores recuerdan que solo a finales del siglo XIX, y por un corto espacio de tiempo, un jardín ocupó su superficie y se colocó en el centro la estatua ecuestre de Felipe III, que aún permanece.

«La tipología de la Plaza Mayor– un espacio monumental, regular y racional, donde confluía una amplia gama de actividades cotidianas y festivas– es sin duda la más señalada aportación española al urbanismo europeo y mundial», destaca James S. Amelang, profesor honorario de Historia Moderna de la Universidad Autónoma de Madrid. A pesar de que ha sufrido varias transformaciones a lo largo de su historia, «siempre se ha mantenido intacta y bien visible su función de marcar el espacio más característicamente urbano de la ciudad», continúa este historiador que considera que «ajardinar es un cambio que mejora muchísimas plazas, y ojalá dispusiéramos de más. Pero la Plaza Mayor de Madrid no debería ser una de ellas» por ser un espacio cuya belleza, además de su importancia, «proviene precisamente de su carácter sobrio, monumental y sobre todo urbano».

Para Ángel Aterido Fernández, profesor asociado del departamento de historia del arte de la Universidad Complutense de Madrid, celebrar los 400 años de la Plaza Mayor de Madrid «supone una buena ocasión para repensar la relación de los ciudadanos con su vieja Plaza en el arranque del siglo XXI». A su juicio, «hay que seguir “viviéndola”, revitalizarla, pero nunca de espaldas a su potentísima impronta de siglos». La «bienintencionada propuesta que busca hacer la ‘plaza más amable’», recuperando el jardín que el siglo XIX incrustó en su centro, es «loable» ya que pone el foco en el «emblema» de la ciudad de Madrid, considera Aterido Fernández. Sin embargo, «no así el punto de ocurrencia que parece provocado por la circulación de las imágenes con ese jardín que sólo tuvo unos 70 años».

Grabado de 1823 de una tarde de toros en la Plaza Mayor

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En este «hito del urbanismo europeo del barroco» donde hoy campan las terrazas de cafeterías y restaurantes, «antes pregonaban su mercancía un ruidoso enjambre de vendedores» y «los días de fiesta, sus puestos daban paso a las celebraciones que daban sentido a un gran espacio abierto, diáfano que se ha conservado», continúa el experto antes de finalizar: «La Plaza necesita un plan integral serio, como los jardines en Madrid (y no sólo en el casco histórico). Espero que nadie siga por el mismo camino y proponga recuperar las fiestas de toros. Por favor, que los árboles no nos impidan ver el bosque, bueno… la Plaza».

De igual modo se manifiesta Michele Bosco, doctor en Historia Moderna por la Universidad de Florencia y la EHESS de París, para quien este conjunto monumental «de incalculable valor» histórico y artístico «debe ser conservado tal y como se encuentra actualmente». Bosco argumenta que «es un lugar simbólico que recibe su importancia del haber sido centro de poder, haber servido de escenario para la representación tanto del poder político, como del de la Iglesia, en el que tuvieron lugar todas las procesiones y actos más importantes (entre otros, los Autodafé del Santo Oficio o Inquisición en los siglos de la Edad moderna)» y por ello exclama: «¡Plaza Mayor no se toca!».

La Plaza Mayor de Madrid, hacia 1865, con jardines

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La opinión de Jesús Cruz, profesor del Departamento de Historia de la Universidad de Delaware, también es «radicalmente contraria al proyecto». A su juicio el ajardinado romántico del siglo XIX «fue una cursilada y una atrocidad estética» ya que «los parterres, las fuentes y los árboles impedían apreciar el conjunto arquitectónico» e «impedían la celebración de eventos públicos o la instalación de mercados». La remodelación del último tercio del XX «ha sido acertada y el conjunto actual es idóneo. Las plazas mayores son plazas, no jardines ni parques. Imaginen ajardinadas la Gran Plaza de Bruselas y tantas otras en diversos lugares de Europa», añade Cruz.

«Convertir la plaza Mayor en un remedo de la Plaza de los Vosgos (París), retomando esas imágenes de la plaza madrileña del siglo XX, se aleja completamente de la idiosincrasia castellana de las Plazas Mayores, como la de Salamanca, de la Corredera (Córdoba) o de Almagro, por poner algunos de los ejemplos más conocidos», suscribe Ana Diéguez-Rodríguez, Directora del Instituto Moll.

También Jesús Escobar, de la Northwestern University de Chicago (EE.UU.) insta al Ayuntamiento que dirige Manuela Carmena a reconsiderar la propuesta que beneficiaría a los restaurantes de la zona al convertir la plaza «en el equivalente de un lobby de un hotel de tres estrellas», pero que perturbaría este espacio concebido como «un foro para Madrid».

A Manuel Herrero Sánchez, catedrático de Historia Moderna de la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla), la noticia le causó «desconcierto» y «sorpresa». «En mi calidad de especialista en la Monarquía Hispánica durante el siglo XVII, se me escapan los motivos que pueden llevar a su equipo de gobierno a atentar de este modo contra uno de los espacios más emblemáticos del Madrid de los Austrias», afirma Herrero Sánchez, que insta a Carmena a «que vuelva a replantearse semejante iniciativa». Llevar a cabo dicho proyecto «constituye un verdadero golpe contra la identidad de nuestra ciudad y podría llegar a convertirse en la peor herencia de su paso por el ayuntamiento de nuestra ciudad», concluye.

Fernando Marías, catedrático de Historia del Arte de Universidad Autónoma de Madrid y de la Real Academia de la Historia, recuerda el orgullo con que Madrid exhibió su plaza, encargando al italiano Antonio Manzelli un grabado con su imagen hacia 1623, y la repercusión que tuvo en Europa su diseño. «El ajardinamiento de la Plaza Mayor sería una verdadera desnaturalización de un espacio público tan importante, y una banalización anacrónica de su propia arquitectura», asegura.

Cuadro de la Plaza Mayor en el Museo de Historia de Madrid

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De «operación estética» consecuencia del turismo «que implica una desnaturalización de la idiosincrasia del uso y función de la plaza en su contexto histórico» y de «operación de propaganda que solo beneficia a los intereses del consumo masivo y que en absoluto piensa en el ciudadano», califica la propuesta Benito Navarrete, Profesor de Historia del Arte de la Universidad de Alcalá de Henares.

También los expertos Leticia de Frutos, Cipriano García Hidalgo (Cipripedia), Mercedes Gómez (Arte en Madrid), Alberto Tellería (Madrid Ciudadanía y Patrimonio) o Un Sereno instan a la alcaldesa Manuela Carmena y al Ayuntamiento de Madrid a reconsiderar su propuesta.

Solo al hispanista estadounidense Edward Baker, la transformación de la plaza en espacio ajardinado le parece «una medida altamente positiva y de coste relativamente bajo», avalada por las imágenes fotográficas de la plaza a comienzos del siglo pasado. Aunque en su opinión es «más urgente» la reforma de la Puerta del Sol. «En este momento Sol es un monumento al feísmo, un espacio caótico, descuidado y lleno de cachivaches. Conviene despejar, ordenar, ajardinar y transformar aquella plaza singularmente popular e icónica en un espacio civilizado y civilizante».

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