Misión: recuperar el madroño

Aunque cueste creerlo, el madroño está incluido dentro del catálogo madrileño de especies amenazadas. Lo está por considerarse un arbusto «de interés especial», y porque su presencia es escasa en Madrid, más allá de los escudos de la Villa y algunas zonas del Retiro o el entorno de municipios como Cadalso de los Vidrios. El Gobierno regional se ha puesto manos a la obra para solucionar esta carencia: prepara ya 10.000 ejemplares para plantarlos a partir del siguiente otoño y repoblar Madrid con sus madroños.

Las plantas, algunas al menos de ellas, crecen ahora en el vivero de El Escorial, del Imidra. Los técnicos de este instituto de investigación, dependiente del área de Medio Ambiente que dirige el consejero Carlos Izquierdo, cuidan con mimo los plantones que luego crecerán en los bosques de la región. Incluso existen en esta instalación algunos ejemplares con varias décadas de vida, e incluso uno que crece entremezclado con un magnolio.

Idoneidad genética
Como explica Francisco Molina, director del departamento agroforestal del Imidra, su labor comienza recogiendo semillas de estos árboles de las llamadas fuentes semilleras: aquellas que Medio Ambiente ha catalogado así y que garantizan la idoneidad genética de la planta: que su origen esté en la misma zona o en regiones adaptadas. «No es lógico poner un pino de Valencia en Madrid», ejemplifica.

En Madrid existen actualmente dos fuentes semilleras de madroño: Cadalso de los Vidrios y San Martín de Valdeiglesias. «Es en la franja noroeste en general donde más se da esta especie», indica Molina. No suelen crecer por encima de los 1.200 metros. Su inclusión en el catálogo de especies amenazadas, explica, se debe «a su gran valor ecológico».

El experto cree que la literatura que relaciona Madrid con los madroños debe tener una base real: «En tiempos debió haber bastantes, pero las talas abusivas los mermaron», dice. Su madera es un «excelente combustible: con sus raíces especialmente se hace un carbón vegetal estupendo, la breña».

El procedimiento que se seguirá con estos jóvenes madroños es el habitual: las plantas de un año –«de una savia»– se siembran en el monte y se las protege con mallas para evitar que se las coman conejos u otros animales de mayor tamaño. «Se plantan por mosaicos, y se hacen cerramientos alrededor del grupo», explica Molina.

Ahora, la tendencia en las repoblaciones es la de introducir pequeñas cantidades de plantas diferentes, para «naturalizar» las zonas y mejorar la biología, indica Medina. En este sentido, explica el técnico del Imidra, «el madroño se introduce muy bien en la repoblación, tanto de pinos como de quercíneas. Tiene muy buenas raíces que mejoran el suelo, y de la raíz vuelve a salir brote aunque haya un incendio y pierda lo exterior», comenta.

Frutos en otoño
Pero este arbusto tan ligado a los madrileños es también muy valorado por sus frutos, redondos y rojos cuando maduran. Florece en otoño y el fruto madura a lo largo del año. De ahí que en un mismo ejemplar puedan verse flores, frutos verdes o amarillos y los que ya han madurado y están de un tono rojo encendido.

Ese fruto, el madroño, es muy famoso por su alto contenido en alcohol –arbutus unedo es su nombre técnico–: se dice que con uno que se coma ya se dejan sentir los efectos. De hecho, se decía que los cazadores de pájaros aprovechaban cuando éstos habían consumido este fruto para capturarlos.

Son ejemplares que en ocasiones llegan a ser centenarios, e incluso más, viven hasta los 150 años. De hecho, algunas de las plantas que ahora están creciendo en el vivero de El Escorial para ser replantadas a partir del próximo otoño proceden precisamente de alguno de estos madroños con historia que responden a la categoría de árboles singulares. Han sido clonados, aseguran, de manera que tienen la misma genética de su progenitor. En concreto, son muy apreciadas las semillas clonadas de un ejemplar de Cadalso de los Vidrios, el del Cerro Majuelito. Se calcula que este ejemplar puede rondar los 80 años.

Otro ejemplar sobresaliente, este en un entorno urbano, es el que puede verse en la plaza de la Lealtad, de Madrid, con más de 150 años.

La idea es poner a germinar las semillas y, en el otoño siguiente, plantarlas ya. Las áreas donde probablemente se llevarán estos nuevos madroños son San Martín de Valdeiglesias, Cadalso de los Vidrios, Valdemaqueda o La Pedriza, aunque la decisión final la tiene Medio Ambiente.

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