La vena artística de los médicos hace cien años: de la cerámica al dibujo

Una exposición de sedas pintadas con los motivos de la cerámica talaverana de los siglos XVI al XVIII traslada al visitante un siglo atrás, cuando muchos médicos compaginaban su profesión con las bellas artes. Por ejemplo, cerámica, dibujo y pintura en el caso de dos doctores talaveranos.

El médico Francisco Andrés Henche llegó en 1915 a Talavera de la Reina para ejercer su profesión y muy pronto se sintió fascinado por la cerámica. Y Fermín Muñoz Urra, colega de la época, fue un brillante y mundialmente reconocido médico que murió precozmente, a los 30 años, y que destacó con sus dibujos y practicó pintura y fotografía.

Los dos habían sido alumnos de Ramón y Cajal (Henche se licenció en 1907, el mismo que Muñoz Urra inició sus estudios). Los dos hicieron dibujos para el Nobel español debido a sus cualidades artísticas. Y los dos trabajaban en Talavera de la Reina hace ahora un siglo.

Henche se enamoró de la cerámica, que en ese momento estaba en auge con el resurgimiento de modelos y series de los siglos XVI al XVIII, pero su especialidad fue pintar telas: lo que hacía era plasmar el estilo de la cerámica que entonces se hacía en seda, hilo y tapices.

Un ejemplo de sus hermosos tejidos es la exposición que la Asociación de Amigos del Museo de Cerámica Ruiz de Luna de Talavera de la Reina mantiene abierta hasta el día 30 de junio.

El médico empleaba sus telas decoradas en abanicos, bolsos, cojines, pañuelos, mantelerías, lámparas y otros muchos objetos que vendía a clientes no solo de la ciudad sino de Madrid o Barcelona. Las piezas que se exponen estos días en el Museo de Cerámica Ruiz de Luna pertenecen a la familia talaverana Rodríguez Cortés.

El doctor Henche siempre compaginó la medicina con la cerámica, pero se sintió tan atraído por esta artesanía que incluso fundó una fábrica que estuvo unos años activa.

En cuanto al doctor Muñoz Urra, practicó el dibujo, el óleo y la fotografía junto a una intensa carrera profesional y a innumerables reconocimientos nacionales e internacionales, sobre todo en el campo de la oftalmología y el laboratorio clínico.

Tal era la implicación de los médicos en las bellas artes que el periódico ‘El Castellano’ publicó en agosto de 1925 un artículo del doctor César Juarros, destacado psiquiatra y psicopedagogo, sobre el primer Salón Nacional de Médicos Artistas, donde aludía a los «centenares» de médicos que hacen arte «clandestinamente».

Explicaba el doctor Juarros en su artículo ‘Médicos artistas’ que los doctores practicaban arte con temor a que se les acusara de no dedicarse a su profesión «todo lo asiduamente que su dificultad requiere».

«El cultivo de las bellas artes debiera ser obligatorio en los médicos como ‘antídoto’ a las deformaciones intelectuales»

Sin embargo, Juarros defendía que «el cultivo de una bella arte debiera ser obligatorio en los médicos», como «antídoto» a las «deformaciones intelectuales» producidas por la especialización, y lo contraponía a la «obsesión del tresillo» o al «chismorreo» del café.

«Era una época muy efervescentes en el mundo de la cultura y la participación», ha señalado a Efe el doctor Juan Atenza, director del Instituto de Ciencias de la Salud de Castilla-La Mancha e investigador sobre la sanidad en Talavera de la Reina durante la primera mitad del siglo XX.

Buena parte de los profesionales sanitarios de esa época también eran docentes y aunque la mayoría impartió clases en áreas de ciencias alguno se involucró en la educación física.

Atenza ha recalcado que la medicina «ha sido siempre una profesión humanista básicamente» y, además, en aquel momento la técnica y la tecnología no tenían tanta relevancia como en la actualidad en el ámbito sanitario.

«El papel del médico era mucho más cercano al paciente en todos los aspectos y se buscaba ese contacto personal, esa concepción del paciente de una manera integral y el médico, por lo general, tenía una curiosidad que, en gran medida, se impulsaba desde las facultades de Medicina», ha explicado.

De hecho, Ramón y Cajal o Marañón son «ejemplos» de dos grandes médicos humanistas «que impulsaban ese tipo de conocimiento», ha recalcado Juan Atenza.

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