La noche que cené con Perra de Satán: así es por dentro una cita en ‘First Dates’

GUS HERNÁNDEZ

  • Vivimos una cita de ‘First Dates’ desde dentro y de principio a fin.
  • Nervios, dudas y diversión caracterizan a un encuentro en el programa.
  • Mi cita resultó ser Beatriz Cepeda, conocida en Twitter como Perra de Satán.

First Dates

El programa de citas First Dates celebra este miércoles 14 (Cuatro, 21.30 h) su especial de San Valentín con contenidos especiales y con algunos intrusos entre sus mesas. Con motivo del día en que Cupido sufre más estrés, el periodista que firma estas líneas vivió en primera persona cómo es tener una cita en el famoso restaurante del amor de Cuatro.

Éstas son las condiciones (perdonen si paso a la primera persona): viviré una cita tal como la viven los participantes anónimos como uno más, sólo que mi cita no se emitirá, pues el objetivo último no es encontrar el amor, sino hacer el reportaje. Así que seré una de esas parejas que pueden verse de fondo en First Dates.

En First Dates se cena temprano, así que me citan aproximadamente una hora y media antes de que mi cita tenga lugar. Nada en el exterior del local de San Sebastián de los Reyes (Madrid) donde se graba el programa hace pensar que allí dentro se esté haciendo tele. Me conducen escaleras arriba y me explican que mi cita está en otra sala. Los participantes no deben verse nunca antes de encontrarse en el restaurante así que ésto se lleva a rajatabla.

En la sala donde me llevan hay ya varias personas que tendrán citas ese mismo día. Además de la sala común hay una sala de maquillaje y peluquería y dos salas donde se graban las entrevistas individuales a los concursantes. Pongo la oreja: hay un miembro del programa dando instrucciones a dos muchachas que probarán suerte con el amor en breve: “Lo importante es que estéis cómodas y hagáis lo que os apetezca”, les dice.

“No hay temas prohibidos, ni política, ni religión, ni sexo“, enfatiza el redactor que atiende a las muchachas, visiblemente nerviosas: “preguntad todo lo que necesites saber de la otra persona”, les invita y les adelanta que “se os pueden proponer juegos, pero haced sólo lo que os apetezca”. Solo hay una limitación: es mejor no hablar del propio programa, porque ya resulta aburrido y será una pérdida de tiempo y no se emitirá.

Miro a mi alrededor. Hay personas de toda condición: una chica joven, una mujer de mediana edad y un señor mayor. Las dos primeras son madre e hija y ambas van a First Dates buscando el amor. Charlan y se preguntan cosas sobre la tele y sus misterios. También hay una mesita con café, fruta y bollería, pero la obviaré en pro de mi figura.

De la sala de maquillaje sale una mujer muy nerviosa. La ayudan a quitarse un colgante para que no golpee el micro que lleva en el pecho y no haga ruido. Tiembla de los nervios. Comienzo a contagiarme del nerviosismo que reina a mi alrededor.

Aunque sé que nunca me cruzaré con ella especulo con quién podrá ser mi cita. Da igual que sea imposible, miro con desconfianza e interés a cualquier persona que pasa, se asoma o cruza. ¿Y si fuera ella?, pienso en mi interior mientras me acuerdo de Alejandro Sanz. Creo que no soy el único al que le pasa. Las miradas en esta sala se cruzan raudas, con una especie de vergüenza pueril.

Menú de First DatesIntento darle la vuelta y le doy vueltas a qué pensará mi cita cuando me vea. La posibilidad de convertirse en una decepción es poco halagüeña e inquietante. ¿Qué cara pondrá ella? ¿Se me notará la decepción si no me gusta a mi? ¿Y si me gusta? ¿Y por qué pienso en todo esto si no es una cita de verdad?

Y más dudas. ¿Qué pasa si me cae mal? ¿Tendremos de qué hablar? Las citas en First Dates duran entre una hora y una hora y media, dependiendo de la conexión de los pretendientes. A los participantes les dan un truco: El primer plato les ocupará una media hora de cita, el segundo plato hará la primera hora. El postre marca casi fin de la cita, aunque se puede alargar si la cosa va bien.

Otra candidata, alta, delgada, con buen tipo pregunta a diestro y siniestro si ha venido suficientemente arreglada (viste vaqueros negros ajustados y una blusa). Va guapa y así se lo hacen saber los miembros del equipo, que la tranquilizan. “Disfrutad” es el consejo más repetido. Mi propio estilo suele ser el de vaqueros y la camiseta que esté más arriba en el montón de lo limpio, pero hoy, por el saber estar, me enfundo camisa y jersey. Haría sentirse orgullosa a mi madre.

Un trabajador del departamento de producción (es el departamento de la magia y que todo lo puede en televisión) les explica a las personas que esperan conmigo como va el programa y el funcionamiento de los diferentes elementos especiales del día de San Valentín: hay confesionario para dejar mensajes para su cita y que ésta solo verá a posteriori, cuando esté en su casa el día de emisión, hay una Polaroid para hacerse fotos, rosas de colores, campana del amor, tarjetas para dejar mensajes de amor…

Otro consejo: si tu cita no te gusta en la primera impresión hay que “tratar de darle una oportunidad” porque, asegura convencida una redactora del programa, “si les ponen a alguien determinado es por algo”, porque “confían que puede encajar”. De hecho, de First Dates han salido ya muchas parejas estables, matrimonios y algunos bebés.

“No es que seamos psicólogos ni nada de eso, pero por aquí han pasado miles de personas y ya tenemos mucha experiencia”, me cuenta por lo bajini una de las responsables de esos emparejamientos. Sí: más de 5.000 personas han tenido ya citas en First Dates. Más del 54% de las personas que han visitado First Dates han querido una segunda cita con su pareja y más de un millar de personas han llegado a besarse en pantalla tras su cita.

Se abre una puerta. Una regidora cargada con un walkie talkie me mira y me dice “te toca, vente conmigo”. Me pongo nervioso. Mucho. No es lógico y lo sé, pero a mis nervios les da exactamente igual el pensamiento racional. Bajamos las escaleras y espero en el exterior del edificio, justo delante de un pequeño porche de madera tras el cual está la famosa entrada al restaurante. ¿Se ponen nerviosos todos como yo?, le pregunto al regidor que espera conmigo. “Siempre están atacados”, me confirma.

“Ya, entra”, me dicen. Me lanzo casi sin pensar. Ante mi hay un pasillo acristalado y al fondo veo a una mujer de espaldas, sentada en la barra (he visto suficientes veces First Dates para saber que es mi cita) y a Carlos Sobera mirando atento mi llegada. El presentador me llama por mi nombre, me da la mano y la bienvenida en un gesto profesional y muy repetido, pero cálido.

Él me presenta a mi cita, Beatriz. Holas, dos besos y cosas de esas que solo se dicen cuando no eres tú, como “encantado”, le espeto a la muchacha. Me pregunto el porqué de esa expresión como de Gustavo Adolfo Bécquer conociendo a su suegra. Saludo también a Matías, el barman de bella estampa que arruina por comparación el ego de cualquier varón que entre por las puertas de First Dates.

 Aprovecho que prepara mi cóctel (lo pido sin alcohol) para mirar a Beatriz. Entro en pánico. Su cara me suena y no sé de qué. Preparo las frases típicas por si ella me conoce y yo a ella no la recuerdo: “¿Qué tal éstos? ¿Has vuelto a ir por allí?” y similares. Pero no hace falta. Decido ser sincero y le hago ver que me suena, pero que no caigo. “Soy Perra de Satán, a lo mejor es de eso”, me revela ella. Sí, es de eso.

Beatriz es Beatriz Cepeda, más conocida en Twitter, donde tiene mucho éxito y fama, como Perra de Satán. Es tuitera, instrumentista, filóloga y escritora (Kilo Arriba, Kilo Abajo. Ed. Versatil). Es ingeniosa, irreverente y gamberra, así que congeniamos pronto. Dedicamos la cita a comer y charlar sobre lo que nos rodea.

Fotos del fotomatón de 'First Dates' Hablando de comer, los pretendientes y pretendientas pueden elegir lo que quieran del menú, incluso dos primeros o dos segundos y hay muchas opciones vegetarianas. En mi caso me decanto por Tataki de atún y brocheta de solomillo. De postre, fresas con chocolate, todo más que decente culinariamente hablando.

Sí: todos los que pasan por First Dates en busca del amor pagan la comida. Es un precio simbólico y un elemento que le da veracidad. Los participantes que van al programa tienen citas de verdad, incluso en aquello de ver a quién le dolerá soltar la pasta (aunque también perciben una remuneración moderada por acudir al programa).

Perra de Satán y yo nos dedicamos a mirar alrededor y comentar las actitudes de otras parejas. First Dates se caracteriza por ser uno de los programas más abiertos e inclusivos de la televisión (mundial, no exagero). Para muestra un botón: a nuestro lado una pareja de personas sordas tienen su cita en lengua de signos. Al poco les suceden dos ancianos, ella y él que se conocían de la infancia y se han reencontrado en la residencia, donde se han enamorado.

El 65% de las citas de First Dates han tenido lugar entre parejas heterosexuales y en el resto se han dado parejas pansexuales, intersexuales, homosexuales, transexuales… pero también entre perfiles con características especiales y poco vistas en televisión.

Olvidarse de las cámaras

Las cámaras son robotizadas y fijas y están bien situadas para captarlo todo y pasar desapercibidas, así que no nos enteramos de que están ahí. Durante la cena nos atienden con amabilidad y profesionalidad Lidia, Yulia y las gemelas Cristina y Marisa, que son mi debilidad, por majas y pizpiretas.

Somos culos inquietos y queremos probarlo todo, así que nos vamos al fotomatón de First Dates, uno de los lugares más míticos del programa. Nos hacemos dos tandas de cuatro fotos. En dos no salgo, en tres sólo salgo demediado, en una parezco un cretino y dos son decentes. Soy un genio del posado. Tiembla Gigi Hadid.

Mi duda queda resuelta: no soy el tipo de Beatriz. Aclaradas las cosas y con el ego sin demasiado resentimiento (optimista que es uno) me doy a la tarea de ayudarla a encontrar el amor verdadero: hoy se pueden dejar tarjetas con mensajes de amor para quien sea. Ella opta por Quim Gutiérrez. Yo también. En mi tarjeta conmino a Quim a fijarse en Beatriz. “Quédate con quien te mire como se mira a un cocido completo”, le aconsejo, parafraseando a Perra.

La cita llega a su fin, no sin antes disfrutar de un miniconcierto en directo de Rozalén, que actúa en el restaurante ese día. No hemos encontrado el amor, pero nos hemos divertido un rato. Y nos ha dado para un reportaje. Ah, nos hemos ido sin pagar. Cosas de la prensa.

Powered by WPeMatico