Jordi Évole: “El dinero que ganamos haciendo ‘Salvados’ va al programa, no al banco”

ISRA ÁLVAREZ

  • ‘Salvados’ ha cumplido diez años en La Sexta.
  • Repasamos con Jordi Évole algunos de sus momentos más significativos.

Jordi Évole

El espacio de reportajes de La Sexta dirigido y presentado por Jordi Évole, Salvados, ha cumplido diez años, en los que ha evolucionado del tono gamberro al de denuncia y en el que se han tocado muchos temas polémicos. Repasamos las claves y algunos momentos de esta década con el propio Évole.

Venda ‘Salvados’, ¿por qué debería haber otros diez años?
Diez años no sé si los quiero ni yo… (risas) No quiero vender nada. Salvados es un programa que el día que no tengamos ilusión por hacerlo se notará tanto que cantará como una almeja y habrá que chaparlo. La suerte es que hasta ahora le hemos metido unas ganas, una ilusión y una pasión que es la que nos ha llevado a estar diez años.

¿Cómo se les ocurrió volver con el tema de la depresión sin anunciar de qué iba el programa?
Era algo que no habíamos hecho nunca, pero como el tema del que íbamos a hablar era un asunto que ocultamos mucho en la sociedad, pensamos que la mejor manera de promocionarlo era ocultándolo. Cuando se lo contamos a los directivos de la cadena fue hasta entusiasta.

Confiaron en que funcionaría…
Llevamos diez años con los espectadores. En estos diez años se ha sumado mucha gente a Salvados. Ni nosotros sabíamos que tanta gente querría ver Salvados. Y con esa confianza mutua pensamos en que podíamos proponer ese reto.

¿Salvados es Jordi Évole?
No. Salvados es un equipazo que no te puedes ni imaginar. Salvados sigue haciendo tele con un equipo que tiene el tamaño y el número de personas de otras épocas, porque ahora se hace televisión muy en precario.

Son una excepción…
Un día decidimos aplicar una máxima que le pedían a algún presidente del Barça -yo soy muy del Barça- cuando le decían “los dineros en el campo, no en el banco”. Así que el dinero que ganamos haciendo Salvados es mejor que esté en el programa que no en el banco. Invertimos en tiempo y en equipo y si empezamos haciendo el programa quince personas ahora somos cuarenta. Es muy chulo.

¿Se ha subido el sueldo en estos diez años?
Sí, sí (risas). Yo creo que es casi obligado.

¿Hay algo que no se haya atrevido a hacer todavía?
Porque nos lo hayamos prohibido, no, pero seguro que hay cosas que no hemos hecho y por eso seguimos en la brecha.

¿Algún tema concreto que tenga pendiente?
Me gustaría hacer un programa, que creo que tendríamos dificultades para hacerlo, para hablar de nuestra propia profesión. Se ha convertido en un tema tabú y vivimos en un momento de enorme anomalía por lo que está sucediendo en los medios de comunicación de este país. Nos cuesta a los periodistas hablar de los propios medios, de los nuestros y de los compañeros. Nos cuesta hacer autocrítica.

¿Cómo fue la transición de El Follonero a ‘Salvados’?
Sin el Follonero no podríamos estar haciendo lo que estamos haciendo ahora. Gracias al personaje, sobre todo al principio de Salvados, nos permitieron preguntar de una manera que si no se hubiese tenido el referente del Follonero hubiese habido muchos invitados que nos habrían dicho “¿de qué vas, y este descaro?”.

¿Tardó en volver a ser Jordi Évole?
La transformación y dejar atrás el traje del follonero fue muy poco a poco y no fue una decisión de fijar un día para dejar de ser él y empezar a ser Jordi Évole. Al ser una transición tan lenta la gente lo aceptó con naturalidad.

¿Aún le llaman así?
Yo pensé que nunca me iba a quitar lo del Follonero de encima y que va, la gente ya me llama Jordi por la calle, lo es de agradecer.

¿Qué marcó el principio del fin de ese proceso?
Hubo dos momentos clave, con dos programas en dos semanas consecutivas en los que hablábamos sobre ETA. Uno de ellos cuatro día antes de que ETA anunciase el fin definitivo de la violencia. Hubo gente que nos preguntó si teníamos un chivatazo de ETA, porque el programa se llamaba ‘Borrando a ETA’. No lo sabíamos. Esos programas hicieron que mucha gente dijera “hostia, esta gente…”. Esos y el del Metro de Valencia marcaron un hito.

¿Ha sido Salvados y Jordi Évole escuela de la repregunta? ¿De no conformarse con la primera respuesta?
Ha habido muchos periodistas antes de nosotros que no se conformaron con la primera respuesta. No nos pondría a nosotros como escuela de nada.

¿Cuántas preguntas hay que hacer antes de darse por vencido?
Hay un editor del programa que siempre me dice que cuando cojo el hueso no lo suelto. En la edición alguna vez quitamos algunas, pero cuando te enganchas a un hueso y ves que el otro no te está diciendo lo que tú crees que piensa y te está tomando el pelo, pues te pones a roer el hueso.

Momentos significativos

Repasemos algunos momentos de estos diez años. Por ejemplo, aquel en el que iban a un mitin de Zapatero y ficharon por la calle a un limpiacristales para infiltrarse.
Me temo que tengo que romperte el mito, porque estaba todo montado, era un cubano que era miembro del equipo y lo único que queríamos era reflejar una escena de cómo lo encontrábamos, pero era ficción, en otra época del programa mucho más gamberra e irreverente. Eso sí, lo que pasó después con el cubano, que se coló detrás de Zapatero y de Rajoy sí que era verdad. Fue muy divertido aquel rodaje.

¿Es posible mantener el tono gamberro y la credibilidad al mismo tiempo?
Lo que era imposible era mantener aquel ritmo, los Salvados del principio, con tres infiltrados, grabaciones con cámara oculta… y llegó un punto en el que los responsables de prensa de todos los partidos políticos conocían a todos los miembros del equipo y veían a un cámara nuestro e iban y le decían “¿dónde está el infiltrado?”. Fue una época divertida pero con un estrés enorme.

¿Se divierten ahora?
Sí. Incluso en la entrevista más tensa hay momentos divertidos. Como en la entrevista a Maduro, en la que hubo momentos muy tensos y sin embargo nos lo pasamos muy bien.

Él definió aquella entrevista como un interrogatorio. ¿Se siente cómodo con esa definición de entrevista? ¿Interroga ‘Salvados’?
No, aquella entrevista tenía las preguntas que tenía que tener. El clima que se creó entre Maduro y yo no fue un mal clima ni un mal tono, pero había que preguntarle. Lo que creo es que Maduro no está acostumbrado a ese tipo de entrevistas, aunque tengo que agradecerle que contestara a todo, no rehuyó nada y dio la cara.
Me gustó la espontaneidad, algo que echo de menos en algunos políticos españoles, que van por raíles y de ahí no se salen. Maduro es de los que todavía improvisa y da espectáculo.

¿Hay algún truco para tratar con los poderosos?
Los poderosos tienen una cosa con la que tienes que tener mucho cuidado y es que te hacen sentir muy cómodo cuando llegas a su casa. Cuando ellos deciden que te dan la entrevista el grado de facilidades que te dan es tan grande que puedes bajar la guardia. Te tratan muy bien, pero tienes que tener cintura para no dejarte seducir por el ambiente.

¿En Venezuela pasó eso?
No. Hubo una larga espera porque se cambió de día la entrevista. El Ministro de Comunicación del Gobierno nos intentó resarcir de la espera llevándonos a comer y a visitar la tumba de Bolívar, un tour que se agradeció. Pero al día siguiente tuvimos que volver a esperar de las nueve de la mañana a las cuatro de la tarde.

Al dueño de la Catar Foundation le hicieron preguntas que no le gustaron nada y en su propia casa… ¿Siente nervios o miedo cuando sabe que va a ofender a alguien poderoso?
El miedo lo tienes antes de ponerte a grabar. Una vez que empiezas -no sé si la cámara y el equipo te hacen de escudo- parece como que no lo estés viviendo, que no puede pasarte nada, que estás protegido. Luego lo ves en la sala de edición y te llevas las manos a la cabeza. En el caso de la Catar Foundation aquel hombre torció el gesto muy pronto, en cuanto le empezamos a preguntar si le gustaría que un homosexual llevara la camiseta del Barsa con la propaganda de la Catar Foundation… Aquel hombre no entendía nada.

¿Cuántas veces le pasa que un invitado le reciba con una sonrisa y le despida sin ella?
(Risas) Alguna vez pasa. Incluso ha habido gente que se ha levantado y se ha ido. Recuerdo una vez que un invitado me dijo a la quinta o sexta pregunta “no me esperaba esto de ti”.

Fueron al exclusivo Torneo Conde de Godó con un grupo de gitanos. ¿Le gusta enfrentar realidades?
Me encanta, nos encanta en el programa romper protocolos y nos parecía que mezclar en el ambiente de más clase alta de Barcelona a unos gitanos que venden bragas en un mercadillo podía ser divertido. Romper lo establecido siempre ha sido uno de los objetivos de Salvados.

¿Cómo se vive un momento como ése, en el que se crea una situación que no sabes cómo va a resultar?
Se vive con muchos nervios. También pasaba con los infiltrados. Hubo un infiltrado que en una entrega de premios tenía como misión abordar a la infanta Cristina para preguntarle si sus ahorros estaban seguros en La Caixa. Pues hubo un momento en que perdimos comunicación con el infiltrado y al retomarlo oímos un ruido que no voy a describir y después cómo tiraba de la cadena.

Entrevistó a Iñaki Rekarte, por lo que se le criticó mucho. ¿Cualquiera merece una entrevista?
Para mí sí. Yo no tengo que juzgar al entrevistado. Nosotros tenemos que preguntarle lo que creemos que hay que preguntarle y eso hicimos. Y aunque a mí me gusta en las entrevistas crear un clima de compadreo o de confianza, de empatía, en aquella entrevista no hubo nada de eso. El tema vasco ha sido un tema que en medios estatales se ha tratado sólo parcialmente, hablando con sólo una de las partes. En eso tengo la conciencia tranquila porque en Salvados hemos hablado con todas las partes.

¿Hay alguien a quien no entrevistaría?
Todo el mundo tiene una entrevista. Lo importante es saber el tono que debes tener en esa entrevista. Lo que no haría es pagar a alguien para que venga al programa a contar un crimen o a beneficiarse para recrearse en una vivencia. No le hemos pagado a nadie.

Carmen Álvarez (PP) y Concha Gutiérrez (PSOE) se pusieron a discutir delante de usted. ¿Qué se le pasa por la cabeza?
Hay un momento en esa discusión que pienso “no sabéis lo que estáis haciendo”. Mira que les habíamos dicho antes de empezar que íbamos a tratar de tener una conversación civilizada, de presentar puntos de vista y de golpe y porrazo se convirtieron en tertulianas y no salieron bien paradas ninguna de las dos.

Les preguntó sobre si se bajarían el sueldo en el Congreso y se quedaron bloqueadas. ¿Hay un punto de disfrute cuando se pilla así a un entrevistado?
Son momentos de silencio ante una pregunta que ves que has tocado un punto que quieren ocultar… ahí agradeces el trabajo que ha hecho el equipo de guión. Todo tiene que ver con el trabajo previo y cuando da frutos es gratificante.

¿Ha tenido que levantar la voz en algún momento?
Yo diría que no ha habido casi ninguna vez.

En un reportaje ante la sede del PP de Valencia les abordó un señor ruso peculiar…
Eso es uno de los regalos que te da la realidad. Ese no estaba pactado ni era ficticio. Yo flipé. Nos regaló una escena que además estuvo muy bien grabada, con una sola cámara. Fue un rato de vodevil.

¿Se han encontrado mucha gente rara grabando?
Sí, incluso gente que no ha salido luego en el programa. Una vez nos abordó el vigilante de seguridad de un parking para contarnos que él era famoso, que había doblado a Michael J. Fox en Regreso al Futuro. No sé si era verdad o no, pero me hizo mucha gracia.

Ha dicho usted que recibió presiones para que no se emitiera la entrevista a Zaida Cantera, ¿eso les pasa a menudo?
A menudo no, pero nos ha pasado en momento puntuales porque antes de emitirse ha habido gente que no quería que se viera o después de emitirlo gente que ha pretendido que no se viera más. Forma parte de este juego. Que va haber presiones tenemos que asumirlo y luego no dejarnos vencer por esas presiones. Ni nosotros ni los responsables de la cadena, que son los que van a recibir el primer impacto.

¿Y qué tal se han portado en La Sexta con eso?
No tengo quejo de la cadena. Hemos discutido mucho en algunos momentos y en según qué programas, pero siempre nos han defendido. Esos debates siempre son enriquecedores. Te exigen contrastar las cosas mucho y eso es bueno. Nunca ha habido un no rotundo.

¿Y amenazas?
Una vez nos amenazó la Falange, por una acción en el Valle de los Caídos con dos falangistas que bailaban allí un “fa-cha-cha” y lanzamos unas flores con los colores de la república en la tumba de Franco. Mandaron un comunicado un poco amenazante, pero luego lo retiraron.

¿Qué cinta de Salvados salvaría de un incendio?
Salvaría la entrevista a José Luis Sampedro y el documental de Astral, sobre la labor de rescate de inmigrantes en el mediterráneo de Open Arms. Es el gran drama que vivimos hoy en día.

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