Estreno «caótico» del Mad Cool 2018: «Nos tienen atrapados sin entrar»

La primera de las tres jornadas del Mad Cool ha arrancado en Valdebebas en medio de un ambiente festivo, que se ha enrarecido debido a las largas esperas –algunas de más de dos horas– y al «caos organizativo» denunciado por muchos de los asistentes. Las previsiones se han cumplido y cerca de 80.000 personas se han repartido a lo largo de los siete escenarios levantados en esta edición. No sin antes, tener que sufrir lo indecible aquellos que han debido recoger la pulsera para acceder al recinto. «Nos tienen atrapados al sol, sin agua ni nada», relata una seguidora, en medio de la indignación general.

Por otro lado, el movimiento constante de vehículos de entrada y salida iba colapsando, según avanzaba la tarde, todas las vías adyacentes. Los atascos hasta la M-40 se han prolongado durante cerca de una hora, lo que ha motivado otra de las quejas más flagrantes. Este hecho contrasta, sin embargo, con los afortunados que poco a poco han logrado entrar al festival. «Es una auténtica locura», exclaman dos chicas, camino del escenario principal. Por el recinto, de 100.000 metros cuadrados, han desfilado más del doble de personas que todos los habitantes de ciudades como Soria o Teruel.

Llegados desde cualquier rincón de España, los asistentes han utilizado todas las vías posibles para llegar al evento. «Venimos de Valencia por MGMT y Tame Impala», señala un grupo de jóvenes nada más apearse del Cercanías. En ese punto, las riadas humanas no tardaron en aparecer al confluir los autobuses lanzadera dispuestos por Mad Cool, la zona habilitada para los vehículos VTC y algunos taxis que alcanzaban la avenida de las Fuerzas Armadas. «
Pensábamos que al venir pronto no habría tanta gente
», lamenta Jorge, quien, junto a sus amigos, estaba tratando de reunirse con el grupo de su novia en algún punto fácilmente reconocible.

«¡Vigila, que se cuelan!»
En el carril lateral de la avenida de Alejandro de la Sota, las vallas delimitan el espacio de entrada al rellano del festival. «Perdona, ¿sabes cómo podemos entrar?», ha sido una de las preguntas más repetidas, fruto del descontrol que impera en la calle. Algunos, incluso, han llegado a sortear la verja por debajo a fin de evitar una espera marcada por el calor. «¡Vigila por ese lado, que se están colando!», le reclama un operario a otro. La presencia masiva de extranjeros ha sido más que notoria: ingleses, italianos y, algunos, como Miguel Ángel recién aterrizado desde Puerto Rico: «He venido para ver a Arctic Monkeys», señala con ironía.

Al otro lado de la carretera M-11, la muchedumbre iba llegando de forma escalonada, al compás marcado por la alta frecuencia de Metro. La multitud se quedaba a las puertas de la parada de Feria de Madrid, con cerveza en mano, para emprender el largo camino por el interior de Ifema. «Aunque no he entrado todavía, imagino que estará bien organizado», dice Alba, en constraste con la cantidad de gente apelmazada en los vagones. Si bien, el viaje de ida en el suburbano ha transcurrido en relativa normalidad, la gran preocupación de casi todos estaba relacionada con la vuelta a casa. «La vuelta será más complicada; nuestro hotel está en Gran Vía y aún no sabemos como llegar desde Nuevos Ministerios», explica una pareja mallorquina.

El cambio de ubicación ha descolocado a parte de los fieles que acuden cada año a Mad Cool. «Este año no tenemos ningún bar cerca y hay que venir cargados con la bebida», incide Alberto. Pese al desconcierto inicial, las aguas han vuelto a su cauce con la gran actuación de Pearl Jam: «Compré la entrada cuando me enteré que venían y solo por eso, merece la pena todo», cuenta Loles, para quien, tras diez largos años de espera, ningún obstáculo ha sido lo suficientemente grande para arruinar el momento.

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