Esa gran idea

El pasado 15 de mayo, Pedro acudió a La Moncloa a verse con Mariano. Aquel encuentro resultó más acaramelado que un bolero de Armando Manzanero. Sánchez, que por entonces había aparcado su «nación de naciones» y su «federalismo asimétrico» y estaba instalado en modo estadista, sonreía a Rajoy con una complicidad plena, casi arrobada. El día en que tenía lugar tan entrañable escena ya se sabía que Bárcenas había montado en Suiza una sucursal de la cueva de Alí Babá; o que la Gürtel era una red de comisionistas que benefició al PP y estaba llamada a recibir un paquete épico en tribunales; o que Granados y González forman parte de la ingeniosa estirpe de Rinconete y Cortadillo. Es decir: Sánchez, como todos los españoles, era plenamente consciente de que el PP estaba embadurnado por la corrupción, pero nada le impedía compadrear con Rajoy y hasta hacer pinza con él frente a la crecida de Ciudadanos.

Pero a la semana siguiente la luna ya había cambiado. El Doctor Jekyll volvía a mutar en Mr. Hyde. Sin transición alguna, y basándose en una sentencia que juzgaba hechos de la etapa de Aznar, Sánchez dio un súbito volantazo y presentó una moción de censura contra Rajoy, con el deseo manifiesto de instalarse en La Moncloa sin haber obtenido votos para ello en las urnas. Gran idea. Aunque ahora que se aproxima la hora de la verdad se vislumbran ciertos problemillas en el plan del Pericles de Ferraz:

1.- La gran idea de Sánchez entrega la llave del futuro de España a sus tres mayores enemigos: los partidos golpistas catalanes; Bildu, la formación sucesora de ETA; y Podemos, un partido comunista de voluntad antisistema. Además, convierte al PNV en el fiel de la balanza de la nación española, cuando esa formación no cree en ella (o al menos eso proclama).

2.- La gran idea de Sánchez destroza la unidad de los tres grandes partidos constitucionalistas, que era vital con un político de la calaña de Torra en la Generalitat.

3.- La gran idea de Sánchez crea una innecesaria incertidumbre económica. Convierte a España en un país problemático, asusta al capital y puede cortar el ciclo virtuoso en que había entrado nuestra economía. En plata: la egolatría de Sánchez la pagaremos a tocateja (amén de que nos freirá a impuestos).

4.- La gran idea de Sánchez pervierte la democracia, pues haría presidente a un líder vapuleado dos veces en las urnas por libre voluntad de los españoles. La última fue en junio de 2016, cuando se quedó a 52 escaños del candidato al que ahora quiere echar. Sánchez pretende ocupar el poder mediante atajos que solo se ven en democracias tomboleras.

5.- La gran idea de Sánchez se salta el detalle de que él tampoco está para grandes lecciones morales: el PSOE arrastra el escándalo ERE, aspirante firme al récord Guinness de mangancia aplicada, y el de la financiación irregular del socialismo valenciano.

PD: ¡Que el PNV nos coja confesados y una fogonazo de cordura lo ilumine!

Powered by WPeMatico