El presidente de la Comisión Europea Juncker acude a un acto en aparente estado de embriaguez

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker se ha convertido en noticia por aparecer muy perjudicado en uno de los actos de la cumbre de la OTAN que se está celebrando en Bruselas estos días. Unas imágenes que la televisión suiza, la primera en difundirlas, ha calificado de “inquietantes” y que muestran al máximo responsable europeo tambaleándose y necesitado de ayuda para caminar.

Aunque muchos medios han tratado de insinuar que Jean-Claude Juncker estaba borracho, el presidente de Holanda, Mark Rutte, y el de Ucrania, Petró Poroshenko, tuvieron que sostenerle y ayudarle a andar para que no se cayera.

Rutte ha afirmado ante los medios tras ser preguntado por la cuestión que el mandatario europeo no estaba bebido: “No tiene ninguna enfermedad grave, tan sólo sufre de problemas de espalda”.

Por su parte, el primer ministro portugués, Antonio Costa, que también fue testigo de la escena, ha afirmado que lo que sufre Jean-Claude Juncker es simplemente una ciática. Desde el equipo de Juncker sin embargo, no han querido hacer ninguna declaración al afirmar que no comentan aspectos privados.

Ante los líderes

En las imágenes se aprecia como además de los ya citados gobernantes, fueron pasando a su lado la canciller alemana Angela Merkel, el primer ministro griego Alexis Tsipras o el matrimonio formado por Melania y Donald Trump, éste último presidente de los Estados Unidos, que parecen no percatarse de la situación de Juncker.

No es la primera vez que el presidente de la Comisión es acusado de aparecer borracho en actos públicos. Ya en mayo de 2015 se le pudo ver junto a Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, recibiendo a los líderes que acudían a la cumbre entre la Unión Europea y la Asociación Oriental de una manera muy jovial dando besos, tirones de corbata e incluso cachetes en la cara a algunos de ellos.

En enero de 2017, en las conversaciones de paz entre Grecia y Turquía de la cumbre de la ONU en Ginebra también apareció en un estado que fue calificado como “muy extraño” por algunos medios presentes.

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