El destape conquistó el cine español

El destape fue un género de cine donde el cine importaba poco, o nada. Queremos decir que «el destape» fue la moda masiva de hacerle una película al desnudo de Bárbara Rey, María José Cantudo, o Nadiuska. El destape empezó a mediados de los setenta, y acabó donde empezaba el porno. La muerte de Franco resucitó un hambre no de cinéfilos, sino de erotómanos, y así tuvimos unos años de mucha filmografía de Pajares y Esteso, donde el guión traía la exigencia de una guapa, o varias, con lencería de nada.

De modo que brotaron las musas del destape, que arrancan en María José Cantudo y cierran en Victoria Vera, o al revés. Los títulos de aquellas películas tienen, con el tiempo, una gracia, casi inocente, de subgénero de pícaros: «El liguero mágico», «La masajista vocacional», «Pepito Piscina» o «Los bingueros». Mariano Ozores firmó muchas, como director, y ahí salían, en romería, Raúl Sénder, Quique Camoiras o Juanito Navarro.

El destape vino a durar una década, rato arriba, rato abajo, desde la muerte de Franco, y se extinguió de aburrimiento, pero de aburrimiento puro del espectador, al que un desnudo ya le daba poco susto alegre, aunque el desnudo fuera de Adriana Vega, una de las diosas de aquellas temporadas. Pero quedaron para siempre las musa del destape, que de algún modo son también musas de la Transición. Ahí están María José Cantudo, Victoria Vera, Bárbara Rey o Ágata Lys.

María José carga con el mérito, ya histórico, de haber sido el primer desnudo del cine español, con espejo de por medio, en «La trastienda», aquella historia de Jorge Grau. Desde entonces María José es la Cantudo, a la que hemos ceñido a veces al género del destape, pero es mucho más. Luego estaba Nadiuska. Tuvo los ojos de un color no inventado, y una boca carnívora que lo decía todo, sin decir nada. Umbral, cuando la movida, la llamaba «Nadiuska, amorg», jugando a copiar la pronunciación cálida, torcida y extranjerizante que hacía nuestra guapa del castellano. Nació Roswicha Bertasha Smid Honczar, en una localidad alemana, de madre polaca y padre ruso, y se rebautizó Nadiuska en Barcelona, antes de su éxito. La recordamos con poca ropa, de vampira única del destape y después, ya más recientemente, como una señora desorientada y en declive.

Victoria Vera merece mención aparte y acaso un texto completa, par ella sola. Fue la capitular dorada de la democracia aupada, una pionera de todos los arrojos, y lo que queramos decirle. Podemos llamar VV a Victoria Vera, por encerrarla en dos letras mayores, pero a ella no hay nada que la encierre. Ha hecho teatro del grande, es musa de poetas eternos y en general una rebelde con el pelo en llamas. A Ágata Lys tampoco procede encerrarla como actriz del destape, porque Ágata ha hecho mucho más, y con sobresalientes méritos. Hablo de tele, de cine y también de teatro. En teatro se ha empleado tanto que aquello del destape es casi una anécdota venial del recuerdo. Fue, como tantas, un calambre del verano del erotismo. Como tantas, bajo aquel sol inédito del destape.

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