Arabia Saudí compró armamento a España por valor de 270,2 millones de euros en 2017

400 bombas de precisión láser del ejército español se encuentran a la espera de su destino en el almacén de una base militar de Aragón a pesar de que en el verano de 2015 quedó cerrado el acuerdo para su exportación. Todo estaba preparado para que los saudíes recogieran este año su arsenal, pero ante la posibilidad de que fueran utilizadas para bombardear Yemen, desde el Ejecutivo de Pedro Sánchez confirmaron el pasado martes que se iniciaban los trámites para paralizar su venta.

Tres días más tarde, la portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, sembraba la duda sobre suspensión de esta venta: «depende de la resolución a la que llegue la comisión, la respuesta no la tenemos todavía». La junta interministerial está prevista para el 19 de septiembre, pero Celaá anticipó que tienen «la firme determinación de mantener las buenas relaciones con Arabia Saudí». En rueda de prensa no confirmó la información sobre el riesgo de anulación del contrato millonario de los cinco buques por parte de Riad, pero el presidente del comité de empresa de Navantia en San Fernando, Jesús Peralta, declaró que les llegaron noticias de «un ultimátum» de la embajada saudí: «o la ministra rectificaba […] o no volveríamos a hablar del contrato de las corbetas».

Las alarmas saltaron tras el bombardeo del pasado 9 de agosto sobre la ciudad yemení de Dahyan, perpetrado por la Coalición que lidera Arabia Saudí con un arsenal de origen desconocido. Un autobús que transportaba a un grupo de niños fue el blanco de un proyectil que mató al menos a 29 de los pequeños. «Es muy difícil controlar las armas ligeras, cohetes y misiles, otra cosa es que haya envíos más evidentes como fragatas», explica Mikel Ayestarán, corresponsal de ABC en Jerusalén. Ante la condena internacional, el Ministerio de Defensa anunció una semana después que revisaría «las posibles ventas que estén todavía en trámite y que pudieran implicar la utilización directa de este tipo de armamento contra población civil».

En 2015, el Ministerio de Defensa español con Pedro Morenés al frente, acordó con Riad la venta de las 400 bombas que ahora se encuentran a la espera de un destino por un valor de 9,2 millones de euros, cantidad que el Gobierno tendrá que devolver en el caso de que finalmente no se cierre el acuerdo. La petición formal de compra por parte de Arabia Saudí se hizo bajo la resolución 2216 de la Organización para las Naciones Unidas (ONU), sin embargo, la venta de armamento militar para usar en Yemen no queda amparada en ningún párrafo.

Esta organización internacional «tiene informes de denuncias muy fuertes de los últimos bombardeos, que son los que han causado toda esta polémica», señala Mikel Ayestarán. La ONU denunció la comisión de «posibles crímenes de guerra» en Yemen, mientras que la Coalición Árabe comunicó que aunque era «un objetivo militar legítimo», hubo «errores» en el ataque.

La Coalición cuenta con el respaldo occidental para enfrentar a los hutíes, milicia chií que controla Saná, la capital yemení, y algunas gobernaciones. La rivalidad con la mayoría suní, apoyada por Arabia Saudí, ha quedado escenificada en más de cuatro años de guerra civil dentro de un país dividido en pequeños grupos tribales armados. «Las tribus no están con los hutíes, están contra los saudíes. Eso es lo que ha generado estos bombardeos masivos, estas masacres, por eso los saudíes no encuentran grupos sobre el terreno que combatan para ellos», dice Mikel Ayestarán, Riad «hace una guerra a distancia, bombardea desde aviones y barcos, tiene satélites de última generación, pero no consiguen milicias locales, lo mismo que buscaba la OTAN en Afganistán».

La venta mundial de armas a Arabia Saudí
Los saudíes reciben gran parte del soporte armamentístico de países como Estados Unidos, Reino Unido o Francia, siendo los dos primeros quienes proporcionaron el 86% de las armas entre 2015 y 2017, según los datos del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI), con un 67%, 19% y 2,8%, respectivamente.

España fue el cuarto mayor proveedor de armas de Riad, con 254 durante el mismo periodo. En 2015, mismo año que comenzó la guerra de Yemen, fue el tercer país que más exportaciones realizó a Arabia Saudí (208), por detrás de Reino Unido (751) y Estados Unidos (1.759). Durante 2016, las ventas españolas dirigidas hacia el Reino saudí disminuyeron, con 26 armas transferidas, mientras que en 2017 el armamento exportado se cifró en 22, siendo el pasado año cuando Arabia Saudí recibió la mayor cantidad de arsenal bélico desde que comenzó la guerra al duplicarse las exportaciones de los estadounidenses con respecto a los dos años anteriores.

España y el negocio del material armamentístico

En España,
el organismo que controla y autoriza la venta de armamento es la Junta Interministerial Reguladora del Comercio Exterior de Material de Defensa y Doble Uso
(JIMDDU). Cada vez que una empresa armamentística consigue un contrato debe pedir autorización a la Junta, donde representantes de varios ministerios aplican la ley basada en los criterios comunes europeos en materia de exportación de armas.

«La regulación es clara y completa, pero el control que se ejerce es deficiente porque la Junta aplica la legislación de una manera muy laxa y poco rigurosa», opina Jordi Calvo, investigador del Centro de Estudios por la Paz, «la ley dice que no se deben exportar armas a países que estén en conflicto armado o donde se vulneren los derechos humanos, y sobre todo en los últimos años, hubo un aumento de autorizaciones de venta de armamento a Arabia Saudí porque al gobierno le ha parecido que no estaban en conflicto armado y que no se violaban los derechos humanos».

Las deliberaciones y las actas de las reuniones de la JIMDDU son secretas. Tampoco tiene acceso a ellas el Parlamento, lo que según Jordi Calvo denota «una falta de transparencia total». Por este motivo y para exigir que cese la venta de armas a Arabia Saudí antes de fin de mes, las organizaciones Amnistía Internacional, FundiPau, Greenpeace y Oxfam Intermón unidas bajo la campaña «Armas Bajo Control», se reunieron el pasado martes con Xiana Méndez Bértolo, secretaria de Estado de Comercio.

El pasado año las exportaciones de España en material militar alcanzaron los 4.346,7 millones de euros, con un aumento del 7,3% con respecto a 2016. El informe sobre Exportación de material de Defensa y Doble Uso de la Secretaría de Estado de Comercio, cifra en 270.165.801€ los ingresos obtenidos por la venta de armamento de Arabia Saudí, lo que le sitúa como el quinto mejor cliente de España, por detrás de Turquía, Francia, Reino Unido y Alemania.

Riad compró, entre otros materiales, un avión de transporte, granadas de mortero y municiones, esto último con «cláusulas de de no reexportación y uso fuera del territorio del país». Así Arabia Saudí se convierte en el país no europeo fuera de la Organización de Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que más armas compra a España; de esta manera figura en el documento de la Secretaría de Estado de Comercio.

Del país que España obtuvo más ingresos por la venta de arsenales bélicos fue Reino Unido, dejando unos ingresos totales de 3633,6 millones de euros entre 2014 y 2017. Según el informe del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad, Alemania aportó a la economía española 1.213 millones de euros por la compra de armamento, siendo el que más beneficios dio el pasado año y el segundo de la clasificación. Después está Francia (1452,9 millones de euros), que también compró material de defensa durante todo periodo, como los países anteriores. Arabia Saudí también compró arsenal a España a lo largo de los cuatro años, siendo el cuarto país que más ingresos aportó por la compra de armas, un total de 1225,3 millones de euros, fue en 2015 el año que más dinero dejó (546 millones). Mismo año que empezó la guerra en Yemen y comenzaron los ataques de la Coalición que lidera los saudíes.

Los expertos apuntan a la dificultad que existe para controlar el negocio de las armas ya que se trata de un mercado global: «puedes decir, no voy a vender las armas a los saudíes y los barcos que salen de España pueden atracar en otro lugar, en Egipto, por ejemplo, pero luego esas armas terminan en Arabia Saudí», explica Mikel Ayestarán, «no sabes cuál es el destino final de las armas, no sabes dónde van a acabar».

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