Aliado en las buenas y sobre todo en las malas

Inició su andadura en 1993, y desde entonces, Galicia es otra Galicia. El Instituto Galego de Promoción Económica (Igape) celebró este viernes el acto de su XXV aniversario entre datos que avalan su labor de promoción del tejido productivo, y certifican que la economía, cuando la perspectiva permite echar la vista atrás, no ha hecho sino mejorar. Así habla, por ejemplo, un crecimiento del PIB del 193%, o la subida exponencial del valor añadido bruto en la agricultura y pesca (49%), la industria (144%) o el sector servicios (193%). «Nunca Galicia tuvo tanta riqueza como tenemos en este momento», resaltó el presidente de la Xunta.

En ese camino el Igape ha servido siempre como aliado. Hasta cuando los indicadores figuraban en rojo. Alberto Núñez Feijóo recordó cómo tras la quiebra de las cajas de ahorro —que manejaban el 40% del ahorro de la población de Galicia—, el papel del instituto fue «determinante». Se convirtió, de facto, en una entidad que prestaba o avalaba los proyectos empresariales en la Comunidad y daba la cara por ellos ante la banca privada. «La etapa de recesión demostró la fortaleza y el carácter imprescindible del Igape», aludió el presidente de la Xunta, en un evento celebrado en Santiago, en el que se homenajeó a los 117 trabajadores de la institución y se dio paso a algunos casos de éxito en la colaboración con las empresas. Allí Feijóo aprovechó para defender el «restyling» y el «adelgazamiento» de la economía gallega, a la que se le extirpó la «grasa», dijo, que lastraba su competitividad.

En su intervención, el mandatario autonómico hilvanó una defensa a ultranza de la estabilidad —«no conozco a ninguna empresa que le vaya bien si su equipo directivo no es estable»— y recordó que las administraciones, empezando por la Xunta, gestionan no los recursos públicos, sino «los recursos privados de la gente» a la que pidió servir con «soluciones» y con «rigor».

A lo largo de su historia, el Igape tejió lazos con 81.591 empresas, apoyó una inversión global de en torno a 14.000 millones, incentivó 6.400 millones en préstamos, subvencionó 1.800 millones y atendió hasta 105.815 solicitudes, de los que 1.277 eran proyectos de «gran inversión empresarial». Los números responden a objetivos comunes y prioridades que se mantuvieron constantes: apoyar el desarrollo económico y empresarial de Galicia, impulsar la industria y contribuir a su internacionalización, como enumeró el conselleiro de Economía, Francisco Conde. «El Igape se fue adaptando a la realidad y tratando de servir de palanca», entre otras áreas, para «la industria 4.0», destacó.

Ejemplos de éxito
Los Cluster de Automoción y de la Madera, Conservas Calvo, Martín Códax, Queixeiros da Chaira, el grupo Intaf, Kaleido Logistics… Todas ellas tomaron la palabra, de una forma u otra, para explicar cómo el Igape catapultó su proyecto a otros niveles de desarrollo y cómo ejerció de guía en aventuras que comenzaban, en materia de conocimiento empresarial, poco menos que a tientas. «Te hacía falta convertirte en empresario», recordó Catalina Fernández de Ana, de Hifas da Terra. La ayuda también sirvió en el exterior para proponer ese «algo más», como explicó Juan Vázquez Barquero, de Martín Códax: «No basta con tener un buen producto». Ahí, entre las ideas y la disponibilidad de medios, reivindica su espacio el Igape.

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